Un círculo de palabras al amanecer: la lectura encuentra su lugar en el aula

Un círculo de palabras al amanecer: la lectura encuentra su lugar en el aula

El alumnado de 4º de ESO de Diversificación participa cada semana en un club de lectura desarrollado dentro del programa ComunicA, una iniciativa coordinada por la profesora Carmen Bravo que convierte el aula, durante las primeras horas del jueves, en un espacio compartido donde los libros marcan el ritmo.

La escena se repite con una cadencia casi ritual: las persianas se alzan dejando entrar una luz todavía tibia, las sillas se disponen en círculo y, en el centro, una cesta cargada de libros espera a ser abierta. A partir de ahí, entre saludos y pequeñas conversaciones que aún arrastran restos de la mañana, comienza una dinámica en la que cada alumno y alumna encuentra su lugar, su turno y su voz.

La sesión se inicia retomando lo leído anteriormente, como quien vuelve sobre un camino para reconocerlo mejor, y se plantean preguntas que acompañarán la lectura, funcionando como hilos que más tarde se tensan y se atan entre todos. En un grupo reducido —nueve estudiantes—, la participación se vuelve inevitable y, al mismo tiempo, valiosa: cada intervención cuenta, cada interpretación añade una capa nueva al texto.

Durante el desarrollo de la actividad, el alumnado no solo lee, sino que escucha, interpreta y dialoga. Aprenden a respetar el turno de palabra, a atender a las opiniones de los demás y a explorar los textos desde distintos ángulos, incluso adoptando roles a través de los personajes, como si por un momento las palabras escritas se filtraran en sus gestos y en su forma de hablar.

La selección de lecturas, basada en relatos breves y poemas, permite que cada sesión tenga un recorrido completo: inicio, desarrollo y cierre. Esta estructura facilita una sensación de avance constante, reforzada por actividades complementarias como el uso de diccionarios, juegos de preguntas y respuestas, visitas a la biblioteca del centro o la búsqueda de información adicional que amplía el contexto de los textos trabajados.

El club de lectura se consolida así como un espacio cuidado, donde el tiempo parece organizarse de otro modo y la lectura deja de ser una tarea aislada para convertirse en una experiencia compartida. Una práctica que exige atención y constancia, pero que, sostenida en ese pequeño círculo de sillas, termina por construir algo más duradero: el hábito de detenerse, comprender y dar sentido a las palabras.

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