Luces, cámara… inglés: el aula se transforma en un escaparate digital de creatividad
El alumnado de 1.º de Bachillerato B y C ha protagonizado una experiencia educativa singular en la asignatura de Inglés, enmarcada dentro del programa ComunicA y coordinada por la profesora Isa Saborido, del departamento de Inglés, donde las mesas habituales han dejado paso —casi sin que nadie lo anunciara— a pequeños estudios improvisados en los que una caja, un espejo o un pincel de maquillaje adquirían un protagonismo inesperado.
La actividad, concebida como una inmersión práctica en la creación de contenido audiovisual en lengua inglesa, ha invitado a los estudiantes, organizados principalmente en parejas, a adoptar el papel de “influencers” por un día, explorando formatos reconocibles de la cultura digital contemporánea. Así, mientras unos abrían paquetes con el cuidado casi ceremonial de quien desvela un secreto —en los conocidos unboxings, donde promocionaban productos enviados por una supuesta marca con intención persuasiva—, otros se detenían frente a la cámara en vídeos del tipo Get Ready With Me, donde el gesto cotidiano de prepararse se convertía en relato, en secuencia medida, en discurso en inglés que fluía entre brochas, tejidos y rutinas personales.
Antes de encender la cámara, sin embargo, hubo un trabajo menos visible pero decisivo: la escritura. El alumnado elaboró sus propios guiones, integrando los contenidos trabajados en el aula, afinando expresiones, ajustando estructuras, probando cómo sonaban las palabras al ser dichas en voz alta, como si cada frase necesitara encontrar su temperatura exacta antes de ser pronunciada.
El resultado ha sido una colección de producciones que destacan por su calidad, originalidad y, sobre todo, por la implicación del alumnado, que ha asumido el proceso con una mezcla de curiosidad y precisión poco habitual. A lo largo de la actividad se han desarrollado de manera significativa competencias clave como la alfabetización audiovisual, la expresión oral en lengua extranjera, la competencia comunicativa, así como la lectura y escritura funcional y creativa, sin dejar de lado el trabajo cooperativo y la capacidad de generar ideas propias.
Esta experiencia confirma que el aprendizaje de una lengua extranjera puede desplazarse más allá del cuaderno y la pizarra, instalándose en territorios cercanos a la realidad del alumnado, donde hablar en inglés deja de ser un ejercicio aislado para convertirse —aunque sea por unos minutos frente a la cámara— en una forma de habitar el mundo.

